dissabte, 28 de juny del 2008

La Eurocopa: hegemonía política y la cuestión nacional


Independientemente del desenlace de la presente Eurocopa, el buen papel de la selección española ha provocado fundamentalmente dos reacciones, por un lado una mayor identificación con la selección y el estado que representa, y por el otro, una mayor preocupación, sobretodo en las nacionalidades históricas, ante esta expresión de españolismo. No somos ingenuos, y sabemos que la política y el deporte son vasos comunicantes, y quién lo dude, puede consultar "La vergüenza de todos(el dedo en la yaga del mundial del 78"(Editorial Madres de la Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2005), libro en qué Pablo Llanto relaciona la victoria de la anfitriona Argentina con la popularidad de la dictadura de Videla.



Así que ante una competición de esta magnitud nos encontramos ante el siguiente dilema, o bien dejamos de lado cualquier connotación política y adscripción nacional para desear el desarrollo del torneo que garantice la mayor calidad del juego, o bien, entramos de lleno en el entramado político. Pero si decidimos entrar en el entramado, no podemos permitirnos entradas parciales, o rebajar el rigor en el análisis.

Es legítimo desear la derrota de la selección española, al fin y al cabo nadie cuestiona la libre adscripción nacional de las personas, pero la derrota no viene sola, sino que viene necesariamente acompañada de la victoria de otra selección, que a su vez, representa otro estado, o sea ,otro modelo de dominación. Y cuesta imaginar cómo, desde una perspectiva liberadora, se puede respaldar la victoria de la mafiosa Rusia de Putin, de neoliberal Alemania de Merkel o de la neofascista Italia de Berlusconi. ¿A caso la victoria de estas selecciones no tendrían repercusiones políticas en sus respectivos estados? ¿O nos preocupan sólamente los cuatro energúmenos que, a golpe de bocina, sacaran a airear sus banderas rojigualdas y sus respectivos animales, ya sean toros, gaviotas o aguiluchos, recordándonos que existen? ¿O resultará que en nuestra concepción de España de charanga y pandereta no hay lugar para el triunfo- reservado exclusivamente a nuestros cocineros, arquitectos, humoristas y demás profesionales de sexo mayormente(incluso en nuestra nación de progresía) masculino-? El internacionalismo e ir sistemáticamente contra la selección española son dos actitudes incongruentes, a pesar que haya quién se enteste en aparentar lo contrario.

Todo esto nos lleva a pensar que quizás tenia que ser así. El problema no es ni la selección rusa, ni la selección española ni la poco afortunada selección holandesa. El problema es la competición misma. ¿En qué gradería de Austria y Suiza podemos corear el "paz entre pueblos, lucha entre clases" si la competición es precisamente entre pueblos o estados que aspiran a serlo? Pero resulta que nuestro capitalismo, tan visiblemente enfermo en lo económico, presume de muy buena salud en lo cultural, así que en la lucha contra las competiciones deportivas no se divisa la punta de lanza de ningún movimiento de transformación social. Mi conclusión, si puede considerarse tal, es esperar a domingo, ver el partido, relajarse, que gane el mejor, y llegar al lunes con fuerzas para afrontar nuestro partido.


PD: El texto está en castellano, para regocijo de quiénes se alarman ante el peligro inminente de desaparición de su lengua común. Cualquier malformación lingüística es consecuencia de la política de inmersión lingüística de la Generalitat.